El otro mundo que viene

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Por: Eugenio Montoro

El siglo XX fue generoso en aplicaciones tecnológicas que cambiaron fuertemente la forma vida de los humanos en todo el planeta. Se hicieron miles de adelantos en todas las disciplinas desde vehículos autopropulsados, aparatos que podían volar y medicamentos prodigiosos entre muchos otros, pero hubo tres que se destacaron por su amplitud y su influencia en los cambios de costumbres.

El de mayor peso fue el uso comercial de la electricidad que hizo repensar y cambiar casi todo, desde lavar la ropa, ampliar el uso de las horas nocturnas y lo relacionado con fábricas de todo tipo. Otro fue el uso extendido de computadoras para el archivo y procesamiento de información y un tercero, también muy cercano a la computación, como lo son los sistemas de comunicación inalámbrica.

Todo sucedió tan rápido que muchos, incluyendo al que escribe, tenemos el discutible privilegio de haber vivido, de niños, sin nada de esto y luego, algunas décadas después, disfrutarlo.

De la misma manera el siglo XXI burbujea en inventos increíbles de todo tipo, pero tres ya destacan por su potencial en influir tremendamente en nuestra forma de vida. Los comentamos de seguida.

Los expertos coinciden en pronosticar que en pocos años se alcanzará la inteligencia artificial, es decir una máquina con la capacidad de aprender y de poder llegar a conclusiones con mayor precisión que los humanos. En las películas de ciencia ficción estas máquinas prodigiosas llegan a ser tan listas que hasta ponen en peligro a los tipos y compiten con ellos por el mando. Esperemos que la de verdad no sea tan peligrosa, pero la carrera de los países para obtenerla existe al punto de que Putin, el presidente ruso, declaró en una oportunidad que el que primero que alcance esta maravilla, posiblemente, dominará al resto del mundo.

Otro adelanto se refiere a la computación cuántica. Es difícil entender cómo funciona, pero aprovecha la locura cuántica de que las partículas pueden estar en varios sitios a la vez, para crear una computadora que hace llorar de pena a las más potentes de la actualidad. Un cálculo que tardaría en ejecutarse varios miles de años utilizando los maravillosos computadores de nuestra era, el computador cuántico se lo despacharía en quince minutos. La capacidad de cómputo y almacenamiento sería casi ilimitada.

Por último, nos referiremos al reactor de fusión. La generación de energía por rotura (fisión) de núcleos de los átomos es ya bien conocida y existen reactores para producir electricidad en muchos países. Algo parecido es usar la energía que se desprende al unir (fusión) núcleos de átomos para crear uno más pesado. La energía producida es tan grande que no existe recipiente para contenerla, pues las temperaturas de reacción son de millones de grados centígrados. Pero ya hay muchos adelantos que permiten pronosticar un reactor comercial en algún momento de este siglo. Esta producción casi ilimitada de energía sin problemas de materia prima, ni problemas de accidentes nucleares, cambiaría totalmente nuestra actual matriz energética.

Las tres tecnologías tienen el potencial de cambiar, como sucedió en el siglo anterior, nuestra manera de hacer las cosas. Es como disponer una especie de genio mágico con energía para todos copiando el método que usan el sol y las estrellas, y que, además, dispone de una inteligencia capaz de resolver cualquier problema, acordarse de todo y hacerlo más rápido que el rayo.

Que en Venezuela estamos al revés y en retroceso hacia el siglo diecinueve también es cierto, de manera que cuando salgamos de este régimen pirata vamos a tener que correr muy duro para ponernos al día. Hay un mundo lleno de cosas buenas que nos está esperando para participar en ellas y crear otras. Lo haremos, pues estos cavernícolas solo saben mandar a tiros al estilo viejo y el mundo moderno los hará desaparecer sin siquiera dejar residuos.

Mientras tanto sigamos haciendo la tarea. Luchemos por reconquistar la democracia y la libertad. Los ciudadanos en la calle somos el aceite y el combustible que mueven al motor de la victoria.