Venezuela y los Idus de Marzo

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En el 90% de los hospitales venezolanos ni siquiera hay servicio de agua corriente. Foto: CRISTIAN HERNANDEZ/AFP/Getty Images

Por: Carlos Ñáñez R

Los Idus de Marzo para los antiguos romanos, eran días de buenos augurios, indicaban la esperanza de un año seguro de éxitos, de hecho se celebraba a la deidad Anna Perenna, una diosa del anillo anual, a la cual se le solicitaba tener buenos augurios y un futuro halagüeño, este factor del deseo de éxito y progresión, se encuentra fracturada en la frenética y brutal Venezuela de Maduro, nuestro país es una mezcla de Estado fallido y sociedad hobbesiana, caracterizada una existencia brutal, insegura y sin recibir protección del Estado.

Marzo, el mes que marca el final del primer trimestre de cada año, nos arrinconó en esta encrucijada circular de Anna Perenna, para recordarnos sucesos muy disruptivos en nuestras frágiles existencias, hace un año nos enfrentamos a un apagón nacional cuyas causas no han sido aún explicadas, favoreciendo así la extinción de cualquier vestigio de capital social, que embride confianza ciudadana, ese apagón fue el empujón al vacío de nuestro moribundo Bolívar y la bienvenida a una dolarización asimétrica, fáctica y transaccional, que genera confusión, exclusión social y desigualdad.

En este esquema de bimodalidad monetaria, la población ha sido sometida a un proceso de apartheid o segregación monetaria. En el país se producía un esquema doloroso, solamente vivido por sociedades afectadas por largas crisis de hiperinflación, los venezolanos asistíamos a la muerte del dinero, fenómeno explicado por Adam Ferguson en su obra “Cuando el Dinero Muere”.

La muerte de una institución social como el dinero, supone conjurar con él la libertad y la confianza societaria, en medio del hambre de casi 7,5 millones de compatriotas, quienes de acuerdo a la ONU, requieren asistencia humanitaria, con las 2/3 partes del PIB arrasado por una gestión de gobierno absolutamente anacrónica y anquilosada en los más retrógrados atavismos del Socialismo y de la mano de la muerte del bolívar y una feroz hiperinflación sostenida por más de 36 meses. Este escombro de país logró superar 2019, desde aquellos idus de marzo del apagón, con su pérdida asociada de casi un punto porcentual del contraído PIB, es decir una cifra alrededor de un mil millones de bolívares.

La anomia, la entropía y un Estado total, fueron la constante de los idus de marzo 2019, hacia los idus de Marzo de 2020, el muy convulso 2019 terminó con 36% de nuestra población en riesgo alimentario de acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud, el hambre desde luego impacta las capacidades cognitivas, y las rutinas de sobrevivencia nos impidieron advertir y procesar el peligro de una epidemia que se desarrollaba en la lejana China, esa misma que apoya los desmanes de la tiranía de Maduro, con el interés soterrado de poner manos a nuestros recursos abundantes, los cuales por extensos se han convertido en nuestro drama.

El coronavirus se desarrollaba en la poderosa China, en Wuhan, obviamente el régimen de aquel país aplicó medidas de desinformación y opacidad en cifras, sin embargo, cual tecnocracia autoritaria levantó hospitales en cuestión de días para atender la emergencia.

Esta crisis debida a la pandemia pudo arrinconar a las poderosas economías de Europa, causó la contracción de las bolsas europeas, Wall Street registro una histórica caída de veinte puntos porcentuales y el fin de su senda de expansión financiera, ello también incidió en la baja abrupta de los precios del petróleo a su nivel más bajo desde 1991.

El mundo parecía entrar a una era oscura, el COVID 19 paralizaba a todo el orbe, el régimen de Maduro aún no había oficializado el riesgo de esta pandemia, aunque ya se verificaban casos: En Colombia, en Brasil y en República Dominicana, el virus rodeaba a la frenética Venezuela de Maduro, pero la arrogancia propia de los regímenes socialistas hacía improbable que se generase una política pública, tendiente a generar confianza, en una constante propia de su discurso cuartelero, decretó una comisión presidencial para proteger a un pueblo sumido en hambre, en inseguridad alimentaria y sanitaria, sin agua, sin electricidad y sin infraestructura médico asistencial, que nos hace tan vulnerables como Corea del Norte, no en vano ambos países Venezuela y Corea coinciden en el culto hacia la personalidad, en la miseria de su población y en el totalitarismo como modelo de gobierno.

Estos idus de marzo, nos encuentran hambrientos, empobrecidos y miserables, en frente de una pandemia sin precedentes, la proxemia autoriaria de apostar por el aislacionismo podría ser definida como eficiente desde el punto de vista sanitario, pero embrida el oscuro deseo del control, nos deja como náufragos en nuestras casas, sin asistencia para la cuarentena. Así se observa el desprecio por la retroalimentación de las políticas públicas, implantadas por un régimen distante al sufrimiento infringido a todo un país por una errada política económica, que ha desolado al país.

Venezuela exhibe cifras propias de un país en guerra o asolado por una catástrofe natural, las condiciones macroeconómicas del país son insostenibles y han expuesto a la población a una defenestración masiva de la población hacia la miseria, esta cuarentana apela solo al aislacionismo, no se han propuesto medidas para intentar mitigar los efectos de paralización que este cordón sanitario supone a los más de siete millones de personas que requieren asistencia humanitaria y aplican protocolos de sobrevivencia reptilica, a los fines de generar la satisfacción de las más básicas necesidades, esa población tiene una incapacidad de someterse a una cuarentena, pues desde el punto de vista de conducta al consumo, son autárquicos, es decir, producen lo que consumen día a día, no poseen inventarios en alacenas, no cuentan con ahorros, no manejan mecanismos de banca virtual, son los dependientes de los auxilios gubernamentales, esos que fueron calificados por la ONU como mecanismos de control social y que en la realidad microeconómica de este país destruido, son patrones de obediencia y lealtad, o se es obediente y leal o no se come, esa palmaria y cruda realidad revela lo absolutamente discriminatorio del chavismo, como esquema de gobierno.

La opacidad de las cifras y la imposición de esta cuarentena férrea que nos deja inermes y a la deriva, no se acompaña de una política monetaria tendiente a reactivar los créditos, no se han modificado a la baja los niveles de encaje legal, no se ha promovido mecanismos de compensación entre las cuentas de custodia a los fines de que empresarios y comerciantes logren ejecutar pagos en medio de las limitaciones de movilidad, no se ha permitido a través de SUNAVAL la comercialización de títulos valor REPOS, a fin de que se expanda liquidez, nadie habla sobre postergar la sobretasa del IVA por ventas en moneda extranjera, asumiendo que en el país estos Idus de marzo, nos aproximan a una acentuación fatal de esta consecuencia en la economía.

Las economías de Europa han apostado hacia los estímulos fiscales a la población en cuarentena, han apelado a una laxitud de la política de reservas desde el Banco Central de Europa, a los fines de contrarrestar los efectos de la recesión, eso que le es propio a los Bancos Centrales, propender a la estabilidad de la moneda, para proteger a los ciudadanos y que el Estado tenga sentido. No se ha aplicado ni se aplicará, en la frenética Venezuela de Maduro, por el contrario, aquí el Estado se sirve de esta emergencia para ganar tiempo y notoriedad, así mismo no se idea un mecanismo de protección frente a la crisis, estos mecanismos están agotados por el ejercicio del manirrotismo en el gasto público y cualquier empleo de los mismos redundarán en más inflación.

El abandono en la provisión de los servicios públicos hacen incoherente la política pública de mantener el aseo en el hogar y lavarse las manos. En el 90% de nuestros hospitales no hay servicio de agua corriente, 56% de los mismos no tienen dotación de mascarillas y el 92% no cuentan con protocolos mínimos para atender la pandemia, el daño infringido a Venezuela es masivo, la cleptocracia ha supuesto la ruina del sistema de salud, la depauperación de los salarios del personal médico y el éxodo de los mismos. La quiebra del Estado es un hecho fáctico, los problemas derivados de la falta de caja de nuestro Fisco redundan en la imposibilidad de atender masivamente a una población víctima de una pandemia que nos pone en riesgo existencial, por ahora en estos Idus de Marzo, de nuevo el País está al garete, esta vez no por una falla eléctrica, sino por una amenaza real en materia de salud, que hace imposible enfrentar esta crisis.

Somos 28 millones de náufragos en nuestras casas y cinco millones de refugiados que se escaparon de las bondades del socialismo y que hoy además de la angustia general por el Coronavirus, se angustian por sus familiares y compatriotas que hoy se debaten entre morir de hambre o exponerse al contagio del CORONAVIRUS, entre esta encrucijada existencial, para aquellos que viven del día a día, esta coyuntura se resolverá asumiendo los riesgos del contagio a sabiendas de la absoluta imposibilidad de un sistema de salud inexistente.

Venezuela es un país cruel, inhumano, inseguro, sin confianza y gobernado por una hegemonía sin otredad, indolente y distante del sufrimiento del pueblo a quien simula proteger.

Espero que estos Idus de Marzo, pasen sin mayores dolores, total somos una población tan vejada, maltratada y perseguida, que este aislamiento brutal y sin información es visto como un ultraje más.

 

Carlos Ñáñez R es profesor de economía en la Universidad de Carabobo