Entre Escila y Caribdis, la coyuntura venezolana comer o contagiarse

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Un tercio de la población venezolana está en riesgo alimentario / Foto: Federico Parra AFP

Por: Carlos Ñañez R

Como el homérico Odiseo, este barco que llamamos Venezuela se enfrenta a dos terribles realidades, morir de hambre o decidir salir y contagiarse, el país sometido a una atroz y atávica política de controles, asociada a los desvíos del poder y las mutaciones que cuando este se ejerce de manera total devienen en cleptocracia, kakistocracia y demagogia, exhibe hoy cifras propias de una nación en guerra o que haya atravesado por una catástrofe natural, sin embargo la singularidad de nuestra realidad, consiguió adaptarse a una sociedad que decidió ajustarse a estos rigores, mientras se asume el cálculo de migrar, huyendo de un Estado fallido incapaz de proteger a los ciudadanos, pero con toda la capacidad probada de reprimir, perseguir y conjurar la postura adversa.

Los costos asociados para reprimir ya fueron calculados por el régimen y asumidas para mantenerse en el poder, de acuerdo a datos de la ONG Provea, el número de fallecidos a causa de la represión ascienden a 250, la mayoría jóvenes, igualmente Venezuela exhibe las vergonzosa suma de 320 detenidos según la ONG Foro Penal, esta revolución es responsable del latrocinio de más de 350 mil millones de dólares, es responsable de la destrucción de más de 2/3 partes de su PIB, hoy exhibimos un tamaño económico inferior al de Honduras, 1/3 de la población se encuentra en riesgo alimentario; con tan solo 0,12 hectáreas cultivables per cápita, el PIB agrícola se ubica en una cifra de 5%, un valor absolutamente bajo, que demuestra nuestra vulnerabilidad alimentaria.

Igualmente la infraestructura asistencial se encuentra diezmada por el abandono de sus presupuestos, la migración médica y los salarios absolutamente miserables devengados por los trabajadores de este sector. En materia de servicios de laboratorio, estos no existen, así de simple, en el sector asistencial público. La hiperinflación destruyó la capacidad de compra del bolívar, el cual se ha devaluado en 98%, destruyendo en esencia su condición de moneda. La contracción interanual del PIB en materia de servicios públicos supera el 36%, somos un país con graves falencias en agua y electricidad.

Es tan grave la situación en materia de asistencia médica, que el país para pacientes que requieran asistencia en cuidados intensivos solo cuenta con cien (100) camas, 56% de los hospitales no cuentan con mascarillas, no hay agua potable en el 90% de ellos. Ante este panorama, el régimen apuesta desesperadamente por el aislamiento y la política de cuarentena, pero sin asumir la imperiosa necesidad de resolver el día a día para encontrar el sustento.

Esta política aislacionista nos coloca frente a una encrucijada histórica, la gran paradoja reside en la viabilidad del aislamiento en medio de una población a la deriva, que no posee la capacidad de mantener una despensa y condiciones mínimas para cumplir el protocolo básico de lavarse las manos con abundante jabón o apelar al gel antibacterial, cuyo costo en la presentación de 80 ml. se cotiza en 10$, superando en 70% el monto de un miserable salario mínimo devengado por casi seis millones de trabajadores públicos.En medio de estas condiciones se decidió acudir al FMI para solicitar 5mil millones de dólares, una cifra cercana al 72% de todas las reservas internacionales, en cuya postura liquida u operativa no superamos el millardo de dólares.

El mecanismo apelado es un Instrumento de Financiamiento Rápido (IFR), con el cual no se deben aceptar condiciones impuestas, pero en el caso de Venezuela, el órgano multilateral no tiene claridad sobre la legitimidad del gobierno, aun cuando Maduro cuenta con el control territorial y operativo del país, más de medio centenar de países reconocen al Presidente de la Asamblea Nacional Juan Guardó, como Presidente Interino de Venezuela, en medio de este limbo legal es imposible otorgar un préstamo al país, así se trate de un IFR, para atender una emergencia. Desde 1999 Venezuela no pide asistencia al ente y como agravante no consigna de manera oportuna las cifras referentes a la actividad económica nacional.

Venezuela reconoce en este acto de desesperación, una muy grave situación de flujo de caja, el default tan negado por el régimen de Maduro, es ya un hecho factico, existe una crisis de Balanza de Pagos, en tal sentido esta solicitud debe ir acompañada de una descripción de las políticas monetarias y fiscales para resolver la crisis antes expuesta y garantizar la armonización de la Balanza de Pagos, además se requiere de la aprobación de la Asamblea Nacional, instancia altamente atacada y desconocida por el régimen de Maduro, es de suponer que la falta de praxis en la preparación de esta solicitud, resultó en la presentación falente de requerimientos de forma que al menos cumpliesen los requisitos mínimos. El asiático Irán también pidió una asistencia por el mismo monto que Venezuela, es de hacer notar que este país presentaba sesenta años sin solicitar auxilios del FMI.

Maduro ha calificado de colaboracionista con los intereses del capitalismo imperialista al FMI, desde sus cadenas se ha dado a la tarea de arengar a la población a la calle, si algún gobierno de transición pidiese ayuda al FMI, como sería necesario frente al tamaño de destrucción de la economía nacional, son estos circunloquios de Maduro, los que le exponen a él y a tiranía a esta incoherencia ideológica: Acudir a un FMI históricamente vilificado por un régimen, en su absurda intención por buscar un enemigo externo ante su incapacidad para ejercer el poder.

Finalmente puede esta solicitud, embridar la aviesa intensión de culpar al FMI de la calamitosa situación que atraviesa el País, de esta crisis que recibe al COVID 19. El único responsable es el latrocinio y la corrupción de un gobierno para y por el mal. Este abandono al cual estamos sometidos, la anomia social y la infinita capacidad por hacer el mal, encuentran una palmaria definición en esta frase del patriota italiano Carlo Bini: «Quien no sabe gobernar es siempre un usurpador».

Carlos Ñañez R es profesor de economía en la Universidad de Carabobo