Entre regulaciones de precios, dolarización y el retorno a la escasez

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Entre regulaciones de precios, dolarización y el retorno a la escasez.
Venezolanos hacen largas colas afuera de los supermercados ante el crónico desabastecimiento de productos básicos. (FEDERICO PARRA)

Por: Carlos Ñañez

Friedrich von Hayek, uno de los economistas más connotados y padre de la escuela austriaca de la economía, nos advertía sobre los riesgos de la fatal arrogancia del socialismo y de la capacidad que tenía este modelo para llevarnos al camino directo a la servidumbre, de hecho este sistema o andamiaje de ideas anacrónicas ha mostrado hasta el cansancio sus limitaciones, falencias e inviabilidades, pero es en efecto y para la honra eterna de Hayek, un verdadero monumento a la arrogancia: la ruina de la URSS, el atraso institucional de la tecno autoritaria China, la pesadilla de Corea del Norte, el fracaso de los países de  Europa oriental detrás de la cortina de hierro, y desde luego la anquilosada, aviesa y cruel Cuba, una verdadera “isla prisión”, como lo afirmaba Salvador Villa en su obra “Cuba Cenit y Eclipse”, no han sido suficiente para convencer a los acólitos de este modelo que es una verdadera imposibilidad y un asalto a la dignidad del ser humano.

De nada han servido los datos empíricos demostrados por von Hayek y von Mises, el socialismo es una fuente inagotable para demoler la libertad y desconocer el bienestar, es en sí mismo la demostración de un proceso de consolidación del totalitarismo y con este la demolición de las formas políticas y jurídicas de la República.

En lo económico  la planificación centraliza ha entronizado en los alteres de la arrogancia socialista, la idea fallida de los controles de precios y volúmenes de producción, por medio de este mecanismo se aproximan a un adefesio paralelo al  mercado incapaz de producir bienestar, el racionamiento, la escasez y las zonas grises de la economía son el resultado, amén del desvío en precios.

Venezuela vivió en el sexenio 2013-2018, una contracción del 68% del tamaño e su economía, el sexenio del horror estuvo marcado por la imposición de una desbordada hiperinflación, que destruyó la capacidad de ingreso del ciudadano, desmanteló al bolívar como institución social y pervirtió el trabajo como instituciones sociales.

Aún se encuentran frescas las imágenes de las colas interminables, en los comercios y supermercados, eternas horas bajo el sol para encontrar los productos regulados, la presencia de mercados paralelos, bautizados por la neolengua chavista como “bachaqueo” y la angustia colectiva, el fantasma del desabastecimiento y después su síntoma más doloroso: la escasez.

Somos una sociedad que esta curtida ya por los desastres en la política económica del socialismo, aquí los trabajadores no se alegran con los aumentos del salario, los reconocen como mecanismos que embridan mayor alza de precios, el tipo de cambio, un objetivo de índole intermedia en la política monetaria, sencillamente se ha abandonado.

El propio régimen, enemigo de la divisa del imperio, observa con beneplácito este proceso de dolarización informal, asimétrico y doloroso que solo produce desigualdad en medio de un régimen de ideología de ultra izquierda, una revolución que no reivindica, una revolución que produce hambruna como todas las demás, una revolución que produce entropía y atropellos a la dignidad.

En medio de estos tiempos de contagio, se repite la receta de los controles, pero esta vez empleando al dólar como esquema de valor, tal vez por el hecho de que el propio régimen, admite el fracaso absoluto de su política económica, las limitaciones de la política monetaria y la destrucción del bolívar, una unidad que se había reconvertido en 2018 y cuya vida fue muy efímera.

En nuestro país no solamente se asesinó al Bolívar, sino que se destruyó al trabajo, pues el mismo perdió su esencia salarial, pasamos así de devengar $30 al cambio en 2018 para obtener un salario miserable de $0,87 al mes en la actualidad, absolutamente por debajo del umbral de la pobreza extrema, en medio del confinamiento social y durante la eclosión del derrumbe de los precios del petróleo y la cotización negativa del WTI, en los contratos a futuro, con una pertinaz escasez de gasolina y la caída de más del 80% de la capacidad de producción de combustible en un país petrolero.

Nada podía salir de la caja negra del gobierno, que lo definiese en toda su extensa arrogancia, prepotencia y tozudez, así es como se intenta morigerar el ardid de la producción controlada, para no llamarla toma u ocupación de las pocas plantas de alimentos, bajo un reeditado y aún más perverso modelo de regulación, ahora agiornado en dólares, pues de esta manera el régimen de Maduro pretende recrear un espacio distinto al del mercado, vaya semejante arrogancia.

Los precios controlados componen 27 rubros que a continuación se explanan:

Rubro Precio USD / Precio en VES
Atún enlatado 0,9 / 153.965,57
Carne Res 1Kg 2,4 / 410.574,84
Carne de Cerdo 1,88 / 321.616,96
Huevos cartón 3 / 513.218,55
Queso Blanco Duro 1 Kg 2,3 / 393.467,56
Mortadela 1,2 / 205.287.42
Sardinas frescas 1,8 / 307.931,13
Leche pasteurizada 0,75 / 128.304,64
Leche en Polvo 1 Kg 2,3 / 393.467,56
Pollo beneficiado 1,74 / 297.666,76
Mantequilla 2,6 / 444.789,41
Sardina lata 0,55 / 94.090,07
Arvejas 0,7 / 119.751
Lentejas 0,7 / 119.751
Caraotas 0,87 / 148.833,38
Frijol 0,75 / 128.304,64
Aceite Comestible 1 / 171.072,85
Arroz Blanco 1 / 171.072,85
Azúcar Refinada O,56 / 95.800,80
Café Molido 1 / 171.072,85
Harina de Maíz Precocida 1 / 171.072,85
Harina de Trigo 0,75 / 128.304,64
Mayonesa 0,65 / 111.197,35
Margarina 0,65 / 111.197,35
Pasta alimenticia 0,75 / 128.304,64
Salsa de Tomate 0,5 / 85.536,43
Sal de Mesa 0,35 / 59.875,50

Tasa de cambio BCV: 171.062,85 bolívares por dólar, al 25/04/2020.

Este anuncio lejos de advertir que las consecuencias iniciales serán la escasez y el resurgimiento de los mercados negros, es decir la vuelta a los rigores del bienio 2017-2018, oficializa la dinámica de la hiperinflación, el propio régimen reconoce su incapacidad para fijar precios en bolívares, los mismos se indexarán, frente a la devaluación del escombro monetario en el cual se devengan los salarios con relación al dólar, quiere decir que este esquema tendrá implicaciones referentes a la tasa diaria de las mesas de dinero publicadas por el órgano emisor, esto se resume en el reconocimiento de la imposibilidad de generar una política monetaria estable y se mantienen los fomentos para imprimirle continuidad al proceso de monetización del déficit fiscal.

Del primero de este mes al 26 de los corrientes el tipo de cambio paralelo se ha devaluado en 110,5% y el oficial en 111,34%, este mero ejercicio demuestra la yuxtaposición de los esquemas cambiarios, ya no existe un dólar criminal, existe un esquema anclado al dólar, que oficializa la dinámica hiperinflacionaria.

En suma, Nicolás Maduro quemó sus naves, como bien lo advirtió al país, sus naves arden frente a una Venezuela miserable y absolutamente condenada a repetir los errores del pasado, con el componente disruptivo, de una pandemia que nos coloca en la disyuntiva entre morir de hambre o contagiarse.

Los asesores económicos de la vicepresidencia del área económica, no se percataron que en nuestro país el salario bonificado no permite comprar un kilogramo de carne, un cartón de huevos, un kilo de queso blanco.

En un mero ejercicio microeconómico, solo se pueden adquirir en estricta disyunción, es decir excluyendo al resto, 20 productos individuales.

El socialismo nos logra equiparar con las siguientes crisis alimentarias, acaecidas en los países que a continuación se mencionan:
1. Yemen. ( Guerra Civil)
2. República Democrática del Congo. (Conflictos armados).
3. Afganistán.( Post Conflicto)
4. República Bolivariana de Venezuela. ( Socialismo y camino hacia la servidumbre)
5. Sudan del Sur. (Guerra Civil antes de la escisión del país).

Culmino este artículo, con una máxima de von Hayek en su obra camino a la servidumbre:
“Cuanto más planifica el Estado, más complicada se le hace al individuo su propia planificación”. Friedrich von Hayek.

*Carlos Ñañez es profesor de economía de la Universidad de Carabobo