De preso político a prisionero diplomático: Leopoldo López cumple 6 meses en la embajada de España

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Fotos: Archivo

Este 31 de octubre el dirigente opositor venezolano Leopoldo López, preso político durante casi tres años, cumple seis meses como “huésped” en la residencia del embajador español en Venezuela.

Aún no hay indicios de que su situación, como la del país, pueda cambiar próximamente.

Su nuevo “encierro” no tiene punto de comparación con los tres años y seis meses, que estuvo encarcelado y aislado en Ramo Verde.

 

En abril de este año, el Servicio de Inteligencia de Maduro (Sebin) saldó una deuda que tenía desde el primer día con López y lo dejó en libertad.

La madrugada del día 30 de ese mes, agentes del Sebin fueron hasta su casa, ubicada en Los Palos Grandes, al este de Caracas y le quitaron la tobillera electrónica que lo rastrea por orden del jefe de la inteligencia, Chistopher Figuera.

Este, en complicidad con López y Juan Guaidó, preparaba un levantamiento cívico militar contra Maduro en las horas siguientes. Pero una vez más, el sueño del dirigente de Voluntad Popular de propiciar “la salida” pacífica del régimen quedó truncada por la falta de apoyos dentro de las filas militares y del régimen.

El polémico caso de Leopoldo López ha marcado un hito en la historia de Venezuela, así como también para la diplomacia española.

No existen precedentes dentro de la historia española, ni mucho menos en la europea, de una figura de asilo diplomático de esta naturaleza.

Desde su llegada a la residencia del embajador Jesús Silva Fernández, el pasado 1 de mayo, el líder opositor ha roto todos los esquemas dentro de la vertiginosa crisis política del país sudamericano.

López recibió protección del Gobierno español cuando su nombre era el más buscado por las autoridades venezolanas tras su liberación. Ante las dudas de si había solicitado asilo político, el ministro Josep Borrell despejó el panorama diciendo que “de acuerdo con la legislación, el asilo político solo se puede pedir cuando se llega a territorio español. Esa norma vale también para Leopoldo López”.

Después del ingreso de uno de los líderes más prominentes del movimiento antichavista en la embajada de España en Caracas, el ministro en funciones de Relaciones Exteriores del Gobierno de Pedro Sánchez, Josep Borrell, aseguró que no permitiría que la embajada española “se convirtiese en un centro de operaciones políticas”.

Según fuentes del partido político Voluntad Popular, consultadas por elcierredigital.com, Leopoldo López ha limitado sus comunicaciones y declaraciones públicas, pero no ha cesado su actividad para “lograr una transición democrática en Venezuela”.

“Leopoldo trabaja muy de cerca con el despacho del presidente interino (Juan Guaidó) para buscar estrategias que logren el cese de la usurpación de Nicolás Maduro, al mismo tiempo que intentan opciones para proteger los intereses económicos y sociales del país”, explica a nuestro periódico un miembro de dicho partido político.

A día de hoy, López sigue en la residencia del embajador español, en las mismas condiciones en las que entró hace seis meses. Es decir, como huésped del embajador, Jesús Silva, y con una limitación de su actividad política.

Para la investigadora senior del CIDOB, Susanne Gratius, aquella operación del 30 de abril no fue un intento de sublevación militar, sino justamente “un intento de poner a salvo a Leopoldo López”, que sigue teniendo un “gran valor simbólico” para la oposición.

España mantiene relaciones “frías” con Maduro

Así las cosas, España y Venezuela mantienen abiertos los cauces de comunicación. “Las relaciones no se han roto, pero son muy frías”, ilustra el analista español Rogelio Núñez.

El Gobierno ibérico sigue intentando, a través de la Unión Europa, alentar una solución pacífica, democrática y negociada entre los propios venezolanos, y al mismo tiempo atender la crisis humanitaria.

Según una fuente diplomática española, «no hay una fecha para que López abandone la residencia». Pero aún así, la embajada de España en Venezuela ha trabajado por preservar su actuación en el país y la interlocución con ambos sectores políticos, enfrentados durante años. A día de hoy, la representación diplomática afirma que no ha recibido restricciones ni condiciones del chavismo ni de la oposición, salvo algunas propias de un huésped -como es su caso-, que le impiden directamente las reuniones y actividades políticas.

La misión diplomática en Caracas ha tratado, así, de manejar con discreción los asuntos internos del país petrolero, con un perfil poco mediático que ha pedido también a Leopoldo López «para evitar incomodidades». Sin embargo, el opositor tiene permitido comunicarse con su familia, y con cualquier persona.

López puede trabajar desde allí, recibir a su familia y compañeros políticos, según declaró a la agencia Efe en mayo su abogado español, quien explicó además que el venezolano «tiene libertad para comunicarse con el exterior, o para enviar mensajes, cosa que no podía hacer cuando estaba en arresto domiciliario».

Fuera de la residencia, y desde la llegada de López, los alrededores han estado bajo una incesante custodia policial, que controla los accesos externos del lugar. Esa vigilancia se ha hecho bajo parámetros «civilizados y ordenados, y no ha habido malos tratos por parte de los agentes» del Sebin hacia las personas que trabajan o entran a la vivienda, comentó al portal de ABC el embajador Silva Fernández.

El Gobierno de España decidió a principios de año reforzar la seguridad de su embajada en Caracas con los Agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO), la unidad de élite de la Policía Nacional.